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jennyferxita01
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Ayuuden porfiiis a prepara un dialogo, monologo o pequeña obra de teatro, con momentos dramaticos y de tension

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macebu45

Ana María Matute y el relato Si no hubiera podido participar del mundo de los cuentos y si no hubiese podido inventar mis propios mundos, me hubiera muerto. Entré en la literatura a través de los cuentos de hadas. Fue mi primer contacto con ella. Yo era una niña muy solitaria, muy introvertida, tartamuda, tenía muchos problemas. Era muy pequeña cuando mi tata me leyó el primer cuento. Fue como si me entrase aire en los pulmones. Me dije que de mayor sería escritora. A los cinco años empecé a escribir mis propios cuentos. No lo sabía entonces, pero lo aprendí pronto: los cuentos de hadas son la expresión del pueblo, de un pueblo que aún no tenía voz, excepto para transmitir de padres a hijos todas las historias que conforman nuestra existencia. De padres a hijos, de boca en boca, llegaron hasta nosotros las viejísimas leyendas". "He llegado a creer que solamente existen media docena de cuentos. Pero los cuentos son viajeros impenitentes. Las alas de los cuentos van más allá y más rápido de lo que lógicamente pueda creerse. Los cuentos son renegados, vagabundos, con algo de la inconsciencia y crueldad infantil, con algo de su misterio. Hacen llorar o hacen reír, se olvidan de donde nacieron, se adaptan a los trajes y a las costumbres de allí donde los reciben. Sí, realmente, no hay más de media docena de cuentos. ¡Pero cuántos hijos van dejando en el camino!". "Los que más me gustan son los que nacieron de las leyendas populares. Esas leyendas que mostraban sin hipócritas pudores las infinitas gamas de que se compone la naturaleza humana. En ellas están reflejadas, en pequeñas y sencillas historias, toda la grandeza y la miseria del ser humano. El hambre que asolaba al campesinado medieval queda plasmada, mejor que cualquier otro testimonio, en cuentos como Pulgarcito o Hansel y Gretel: los padres abandonan a sus hijos en el bosque, para que se los coman los lobos, antes que verlos morir de hambre en sus casas. Como he dicho, con toda la crueldad y el cinismo de la inocencia, que no juzga, sino que se limita a constatar, como el niño que hace referencia a la desnudez del emperador en el cuento de Hans Christian Andersen El traje nuevo del emperador: las cosas son así y no de otro modo". "De todos los que recogieron cuentos, los mejores son los hermanos Grimm, Perrault y Andersen. Y, de los tres, me quedo con Andersen, porque era especial, porque era un escritor. Los Grimm y Perrault también eran escritores, pero no eran creadores. Andersen, sí. Primero, empezó como ellos, recopilando esos cuentos que pasan de padres a hijos, pero luego ya no pudo más, y empezó a inventarse sus propios cuentos. Por ejemplo se inventó Los once príncipes cisnes, un cuento increíble. Andersen hacía algo muy especial, no siempre, pero sí a menudo, y es que te deja a un personaje colgado. No sabes por qué, pero resulta muy interesante. Para él, bueno, para mí también, no existen finales felices. Pueden existir momentos felices, sólo eso". "Los cuentos son para ser leídos, no para ser contados, sólo aquellos que fueron concebidos para ser transmitidos oralmente, pero hay algunos que me gustan tanto... Por ejemplo, ese que he comentado antes, Los once príncipes cisnes. No me puedo resistir: la malvada madrastra transformó a los 11 príncipes en cisnes salvajes y los lanzó a volar sobre el ancho y desconocido mundo. Su hermana, la princesa, hubo de recorrer un largo y áspero camino a fin de desencantarlos. Aconsejada por su hada madrina, en estos casos siempre existe un hada madrina, empezó a tejer 11 túnicas de verdes ortigas que, una vez acabadas, arrojaría sobre sus hermanos: sólo así recobrarían su primitiva y gallarda naturaleza. Aún faltaba la del más pequeño cuando la princesa fue acusada de bruja y condenada a la hoguera. Subía el último peldaño que la conducía al suplicio, y la manga de la pequeña túnica faltaba. El más pequeño quedó para siempre con un ala de cisne en lugar de su brazo derecho .

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